Editorial
INVASIONES, BIBLIOTECAS, FUTBOL
Por  D. M. Vándalos   |    Junio de 2026
¿Se debe ser estoico mientras el mundo se nos deshace en las manos?, se pregunta el filósofo y latinoamericanista Juan Armando Ramírez ante la incertidumbre en que nos dejan las crecientes amenazas intervencionistas y demás condiciones geopolíticas de la actualidad. Su artículo repasa la vida cultural cubana en la segunda mitad del siglo anterior, para situar en contexto la polémica reciente del icónico trovador Silvio Rodríguez, quien exigió —y recibió enseguida de su gobierno— un fusil que le permitiera aprestarse a la defensa de Cuba. De ahí se desprende la recuperación del poema de Cortázar “Policrítica en la hora de los chacales”, en la sección Libreros y Hallazgos de esta revista y sin los múltiples errores de transcripción que se han venido perpetuando; es un poema escrito a inicios de los años 70 a propósito de ciertas reacciones a los complejos problemas de la isla: “Hoy hay que gritar una política crítica, hay que criticar gritando cada vez que se lo cree justo”.
Frente al panorama bélico mundial, Claudia Sánchez Rod comenta los indicios de civilización y dimensión humana en las decisiones del Imperio persa, antes de nuestra era, para estabilizar un territorio tras haberlo invadido, como otorgar permiso para que los grupos desplazados volvieran a su lugar de origen. Lo trae a colación por la permanencia y la continuidad que adquiere el conocimiento gracias a su resguardo generación tras generación, lo que denota visión política, muy al contrario de la guerra, hecha de motivaciones retardatarias, destructoras de la conversación intercultural que significan las bibliotecas —en Irán, por ejemplo.
De los pueblos expulsados de sus tierras injustamente, uno está representado por el Club Deportivo Palestino en las canchas de futbol de… ¿Chile? El club tiene un firme compromiso con la causa de una nación entera, y sus aficionados franquean la imposición geográfica con tal de acompañar a su equipo, cuya existencia implica un enorme potencial político, pues se trenza con los acontecimientos históricos y actuales de Palestina, con su recorrido —que bien narra Nicolás Vidal en esta crónica, de la que asentamos el comienzo.
En un artículo dedicado al equipo de sus amores, el periodista y narrador Daniel Salinas Basave refiere que, si se ve fríamente, desvivirse por un equipo de futbol resulta absurdo, es patológico, ridículo, una estupidez, o por lo menos equivale a una desregulación emocional, pero te hace feliz. Eduardo Galeano citaba a Antonio Gramsci porque, en vez de repudiar el juego como anestesia de la conciencia, lo celebró como un “reino de la lealtad humana ejercida al aire libre”. Y en otro momento sobre “El fútbol, entre la pasión y el negocio”, Galeano abundó así:
Pocas cosas ocurren, en América Latina, que no tengan alguna relación, directa o indirecta, con el fútbol. El fútbol ocupa un lugar importante en la realidad, a veces el más importante de los lugares, aunque lo ignoren los ideólogos que aman a la humanidad pero desprecian a la gente. Para los intelectuales de derecha, el fútbol suele no ser más que la prueba de que el pueblo piensa con los pies; y para los intelectuales de izquierda, el fútbol suele no ser más que el culpable de que el pueblo no piense.
Pero a la realidad de carne y hueso, este desprecio ni le va ni le viene. Cuando arraigan en la gente y encarnan en la gente, las emociones colectivas se hacen fiesta compartida o compartido naufragio, y existen sin dar explicaciones ni pedir disculpas. Nos guste o no nos guste, para bien o para mal, en estos tiempos de tanta duda y desesperanza, los colores del club son, hoy por hoy, para muchos latinoamericanos, la única certeza digna de fe absoluta y la fuente del más alto júbilo o la tristeza más honda.
Pero todo lo que se eleva ha de caer. Siempre será posible un lastre para la gracia, una excepción de la épica, una sombra en el escaparate; alguien desesperado por agarrar al vuelo un poco de suerte y de artificio. Léase sin dudar “La palabra que pronuncia el rugido”, el cuento que Imanol Caneyada dedica a Robert Enke, arquero del Hannover.
Diseñada por el arquitecto Alberto Kalach hace dos décadas, la magnífica Biblioteca Vasconcelos ha sido primordial como uno de los pocos centros culturales en el norte de la Ciudad de México; recibe millones de visitas al año. El historiador y museógrafo Marco Barrera Bassols nos cuenta la travesía de un esqueleto de ballena: desde las playas de Baja California hasta convertirse en la emblemática Mátrix móvil, obra de arte contemporáneo de Gabriel Orozco, que debe su presencia entrañable en la nave central de la biblioteca a una descomunal labor de curaduría y producción, así como a una participación colectiva formidable.
Asimismo, rescatamos la acogedora propuesta del libro La música de las bibliotecas de Daniel Goldin, exdirector de la Vasconcelos por más de un lustro, que respalda la asociación entre iguales, apuesta por que la gente también elija los acervos y converse. Su abordaje reivindica la atención a las necesidades no dichas de los usuarios en los espacios públicos y, por tanto, reprocha el modelo vertical que se impone para “civilizar” sin retroalimentación comunitaria. Resulta vital una lectura crítica —vislumbrar sentido— para reconstruir un espacio común como lugar de encuentro, evocando las variaciones de una composición musical o el agua que fluye o un jardín vivo, donde las personas estén en movimiento, se arriesguen y den con algo que ni siquiera buscaban.
Al sobrevivir durante siete días dentro de la ballena, Jonás edificó en su mente un espacio donde podría alojar a semejante criatura. Pero la mente es siempre más grande por dentro que por fuera, y el espacio fue creciendo hasta convertirse en una gran bóveda, que Jonás iba llenando con sus pensamientos. Tenía pensamientos de todo tipo y los fue organizando según distintas categorías; creó un sistema numérico para catalogarlos y le designó un color a cada uno para poder reconocerlos. Día a día, Jonás hallaba un nuevo lugar en el espacio y se daba cuenta de que la bóveda crecía conforme él la iba recorriendo. La ballena había quedado perdida en la inmensidad de su memoria, y Jonás sintió una gran soledad. Así, un día se aventuró a salir y descubrió que estaba en un jardín rodeado por árboles y plantas con formas y colores imposibles de catalogar. Sintió la vida crecer entre sus pies y pudo escuchar el murmullo de las hojas que le decían: “Jonás, ¿dónde han quedado las hojas, los troncos y las ramas?”. Jonás respondió: “Están suspendidas en el tiempo, como el esqueleto de una ballena”.
Pedro Rosenblueth
Tomado del Taller de Arquitectura X/Biblioteca de México
Para complementar esta edición, reprodujimos algunos fragmentos acerca de la mítica Biblioteca de Alejandría, un lugar para cuidar el alma y, sin embargo, presa del fuego, cuyo rastro persigue con erudición el historiador y filólogo Luciano Canfora, alternando entre el ensayo y la pesquisa detectivesca.
Finalmente, en “Bibliotecarios rockstar” figuran celebridades del arte que alguna vez trabajaron en esos recintos, y se lo pasaban muy bien; es que ahí la agitación se rinde al silencio, tan propicio. Las bibliotecas son buenas guaridas del bombardeo del mundo, y no se desentienden: en ellas se puede, o al menos lo intentas, diría Rimbaud, hacer alquimia del verbo.•